Alienanígenas

•Abril 3, 2008 • 8 comentarios

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Los finos argentinos Les Luthiers se preguntan en la canción que sirve de hilo musical al post de hoy: “¿Por qué en la ciudad vivimos alienados?”. Y se responden, con el humor y la ironía que les caracteriza: “Porque se ha-lienado de gente”.

Alienar. Bonito palabro que bombardeó a los adolescentes de mi generación por diversos canales. En primer lugar porque era frecuente encontrarlo por entre las páginas de los libros de Filosofía o de Religión de los añorados BUP y COU. Pero, sobre todo, el vocablo de marras marcó a los hijos del 83 (y aledaños) porque hubo quien nos lo acuñó con saña visigoda de manera que, sin comerlo ni beberlo (ni saber lo que significaba), nos convertimos en una “juventud alienada”.

Y los culpables de aquella catástrofe sociológica sin precedentes ¿quiénes eran? Pues ni más ni menos que la panda de demoníacos vástagos del progreso que formaban artefactos como los auriculares (o cascos, mucho más molón), los walkman (hoy convertidos en poco menos que piezas de museo) y los discman. Aquellos cacharros infernales fueron los artífices de la consabida alienación de aquella bendita generación, puesto que, como bien se veía en los anuncios televisivos de Los 40 Principales, eran barreras insalvables para la comunicación interpersonal y convertían a sus usuarios en monigotes incapaces de realizar otra acción que no fuese andar y mover ligeramente la cabeza de arriba a abajo como autómatas. Aquéllo nos aislaba del mundo, de la realidad que nos rodeaba, del prójimo que estaba a nuestro lado, del vecino de asiento del metro y hasta de nuestras propias familias. En una palabra: nos alienaba. Y eso era lo peor que te podía pasar.

Y digo yo que seguramente tendrían razón los que así nos calificaban. Porque, no lo neguemos, es indudable que llevar pegados a las orejas dos trozos de gomaespuma que emiten tu música favorita a alto volumen te dificulta bastante (cuando no imposibilita por completo) prestar completa atención a lo que a tu alrededor acontece.

Pero, amigos, hoy he llegado a la conclusión de que hay que pasar página. La juventud alienada ha muerto. Los jóvenes y adolescentes de oídos taponados han pasado a la historia. Lo he descubierto hoy mismo, de camino a casa de vuelta de la facultad, cuando me he encontrado a una pandilla de quinceañeros recien salidos del IB1 (me resisto a llamarle Tirant lo Blanc, lo siento). Por un momento pensaba que se trataba de una alucinación, pero no. Lo que estaba viendo y oyendo era muy real. Esos seres en plena pubertad irradiaban y emitían música (a bastantes decibelios como para ser claramente audible) desde su propio cuerpo. Mi perplejidad inicial se ha visto atenuada cuando he comprobado que eran móviles, oportunamente colgados de algún accesorio a la altura de la cintura, los que producían el sonido que llegaba a mis oídos. Pero lo más sorprendente de todo no era eso. Lo más sorprendente era que, a pesar de la mezcolanza de músicas (todas igualmente vomitivas, por cierto) y del ruido de la calle, cada uno de los zagales en cuestión parecía no escuchar nada más que su propio teléfono móvil y, por supuesto, parecía no percatarse de la presencia de varios congéneres a menos de medio metro de distancia.

Sí, amigos. Antes necesitábamos taparnos los oídos para aislarnos del mundo. Ahora, no solo ha dejado de ser necesario, sino que además es posible deleitar al inocente vecino con el objeto de nuestro aislamiento sin importarnos lo más mínimo si comparte nuestros gustos musicales o no. ¿Qué más pruebas queremos de que el ser humano evoluciona?

La única duda que me asalta es, ¿qué nuevo término necesitaremos para denominar a esta nueva especie? Porque no me negarán que el de “alienados” se les ha quedado corto.

Y, al menos, en nuestra época no se escuchaba reggaeton. Camela, todo lo más.

 P.D. Y hablando de música (pero de música buena, en este caso). Tremendo concierto el de Míster 90% del viernes. Es cierto que tal vez fue excesivamente pródigo en canciones de los dos últimos discos, que fue un pelín demasiado bajonero (en concordancia con el último disco) y que le faltaron algunos clásicos (eché de menos “Kamikazes enamorados”); pero escuchar en directo ”Y los conserjes de noche”, ver a Javi Pedreira y Karlos Arancegui en estado puro (menudo par de cracks, sobre todo el primero), disfrutar del impresionante final con “Vidas cruzadas” o ver a un Quique González menos tímido, más implicado con su público y más bromista que antaño no tiene precio. Me hubiera gustado dedicarle un post entero, pero las fotos aun están en la cámara de María. En fin, ya les enseñaré alguna con cualquier excusa, que merecen la pena.

Hilo musical: Solo necesitamos (Les Luthiers). Ya lo avisaba arriba; 100% recomendada, risas aseguradas.

Músico de guardia

•Marzo 28, 2008 • 5 comentarios

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Le descubrí hace poco más de 2 años. Después de tropecientos intentos de Gema por que escuchara algo de él, la perspectiva de un concierto entre amigos me convenció y acabé cediendo, más porque es una cansina que por otra cosa, a su ofrecimiento de dejarme un par de discos suyos. Así, a regañadientes, fue como entró en mi vida el hombre que hoy ocupa, codo con codo con Oasis, el lugar de honor entre mis preferencias musicales. Así conocí a Quique González.

El principal problema de que te guste Quique es explicar quién es a los no iniciados. Porque, reconozcámoslo, tiene nombre de tío normal; si me apuran, como dice el Enano, hasta de pelagatos. Vamos, que a la gente no le suena de nada. Pero no es óbice para su grandeza, para su música sencilla y elegante a la vez, para sus letras a medio camino entre la lírica y la vida de barrio, para su voz desgarrada, para la melancolía de sus acordes de piano.

El caso es que Quique me conquistó rápidamente: una primera pasada por La noche americana y por el recopilatorio que me hizo Gema me pusieron en el camino, un pedazo de concierto en la sala El Loco (que, más que concierto, parecía una reunión de amigos) me convenció de que era un músico diferente y una xarraeta con él con invitación a empanadillas me acabó de convertir en devoto suyo (ya dicen que a los hombres se nos gana por el estómago).

Pues bien, amigos, hoy, 2 años, un mes y tres días después de aquel concierto, ya mítico, y casi medio año después de que viera la luz su último trabajo, Avería y redención #7 (nos ha hecho esperar el muy cabroncete), Quique vuelve a Valencia, vuelve a vernos, vuelve a deleitarnos. Será esta noche a las 10 y media en el Greenspace. Y yo estaré allí… y, esta vez, María también.

Porque, curiosamente, conocí a Quique González y a María en la misma semana. De hecho, la tarde en que compramos las entradas para aquel concierto de El Loco, aproveché para informar a Gema y Elena (el consejo de sabios) de mi recién iniciada relación amorosa. Pero bueno, a lo que íbamos, que aquella vez no dio tiempo a convencerla, pero esta noche María no se lo perderá. Ya ha oído un par de discos, ya ha elegido un par de canciones como sus favoritas… solo le falta un concierto, este concierto, y dentro de nada la veremos convertida en otro miembro de la cada vez más amplia comunidad de fans de Quique González de la Parroquia de La Asunción. Y es que el que lo prueba no puede parar… se lo digo por experiencia.

Al concierto de hoy ya no creo que lleguen pero, ¿alguien más se apunta al quiquegonzalismo? A ver si en el próximo montamos un minibús.

Hilo musical: La vida te lleva por caminos raros (Quique González). Ella lo entiende.

¿Doy fe?

•Marzo 26, 2008 • 3 comentarios

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Ayer, todavía inmerso en el trastorno post-festivo que me ha dejado la Semana Santa más estrambótica de la historia, tenía una cita vespertina con otra de las Marías de mi vida: María Espeleta, en adelante, la Mary.

Pues enrresulta que la Mary, en virtud de los muchos años de amistad que nos adornan, ha tenido a bien elegirme como testigo de su inminente boda (24 de mayo) y ayer era el día elegido para dirigirnos a su parroquia de origen para oficializarla como “novia a la fuga” y que pudiera casarse en Picanya, de donde es oriundo su chorbo (el Flipe) y en donde van a fijar su residencia los futuros señores Fernández Espeleta. Yo, ignorante de mí, desconocía cuáles eran, exactamente, mis funciones como testigo, pero ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado tantas complicaciones… ¡¡1 hora para hacer el dichoso expediente!! Pero, ojito, ¡¡qué hora!!

Para empezar, llegada al despacho parroquial y empieza el cachondeo: preside una foto de un sacerdote de principios de siglo (el beato Carlos, creo) ataviado con la típica capa de la época. “Parece Batman”. Ja, ja, ji, ji. Intento mantener la compostura pero es complicado; sobre todo cuando aparece un amable señor, contemporáneo de Blasco Ibáñez (lo menos), parsimonioso y con un bajísimo volumen de voz para atendernos. “Y éste es Robin”. Juas, juas, juas. ¡¡Feeeeestival del humor!!

Entramos con Robin… perdón, con el amable señor a un despachito para hacer el expediente y empieza el show. Nos sentamos la otra testiga y yo y le pide a ella el DNI. Voy sacando el mío para adelantar faena y me dice: “No, no, que el tuyo ya lo tengo aquí, que viene de Picanya”. No, buen hombre, que se ha confundido; que el novio es éste, no yo; éste, el que no lleva un apósito de 4×5 en la mejilla; no se me vuelva a confundir, ¿eh? Venga un poquito de cachondeíto y seguimos con la faena. “¡Ah! Entonces, ¿quién es la novia?” Esta chica; no, ésta no, que es la testiga; ésta otra; estése atento, no vayámos a montar aquí un pitote.

Salen unos, entran otros, testifican unos y, mientras espero mi turno, chantajeo a la novia. He caído en la cuenta de que su boda está en mis manos y puedo exigirle cualquier cosa a cambio de decir que no está casada con otro hombre o que viene libremente a contraer matrimonio. Cuando me toca a mí testificar aun no hemos llegado a un acuerdo, pero me apiado de ella y decido decir a todo que sí.

Mi momento de gloria acaba rápido y sin incidencias a destacar (salvo el hecho de que llego a la conclusión de que Robin era copista en la Edad Media… ¡qué velocidad y menudas letras capitales!) Vuelven a entrar todos mientras el amable escribano acaba el expediente y las amonestaciones. Se dirige a mí y me pregunta: “¿De qué parroquia eras?” ¿Yo? Pues de la Asunción y a mucha honra. “¿Pero no eras de Picanya?” ¡Qué no! Que ése es el novio, yo solo testifico, hago bulto; el que se casa es éste, el bajito; ¡leche, tampoco nos parecemos tanto! El hombre sigue a lo suyo. De pronto levanta la cabeza, me mira y me pregunta. “¿Y quién os casa?” ¡¡¡Pero que yo no me casoooooo!!! ¡¡¡Que se casa ésteeeeee!!! “¡¡Ah, sí, claro, sí, sí!!”… vuelve a dirigirse a mí y me da un sobre: “Pues aquí tienes las amonestaciones, las llevas a tu parroquia, allí a Picanya, y que las cuelguen, y cuando las quiten me las traes”. Yo ya no sé si reírme o llorar. Decido tomármelo a cachondeo, cojo el sobre que me tiende Robin y aprovecho para coger la mano de la Mary, girarme hacia al novio y hacerle entrega del tarjetón de la boda que él mismo me había dado minutos antes: “Toma, Felipe, te invitamos a la boda”.

O sea, que yo dí fe, pero no se de qué. Ya no sé si se casan ellos, me caso yo con la Mary o con la otra testiga (a la que acababa de concocer, por cierto). Tot siga cas que el día que me toque a mí pasar por la vicaría me descubra ya casado y quién sabe si con hijos bautizados y todo. Total, también se llama María, ¿no? No creo que pase nada.

Música de fondo: Las gafas de Mike (Quique González). Canción absurda para situación absurda; calentando para el concierto de Quique: solo quedan 2 días

El día de la victoria

•Marzo 11, 2008 • 2 comentarios

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Ayer fue el día con mayor felicidad por metro cuadrado de los últimos cuatro años. Ibas por la calle y veías el buen rollo flotar sobre las cabezas de la gente. Todo el mundo era inmune; podías decirle a un tío “¡¡cara de moco!!” y a él le daba igual porque estaba feliz (que conste que, por si acaso, no hice la prueba). Sí, amigos, los pájaritos cantaban, las nubes se levantaban, la gente sonreía abrazada y todo quisque iba por ahí caminando a saltitos como si fuera Heidi porque el día anterior había ganado. Da igual que hablemos de blancos, negros, amarillos, multicolores, altos, bajos, achaparrados, zurdos, diestros, estrábicos o cojitrancos. Todo el mundo había ganado en las elecciones… o eso le habían dicho. Y no me refiero a la gaita esa de “la fiesta de la democracia que debe enorgullecernos a todos y colmarnos de alegría”, no; todo el mundo se sentía ganador de verdad.

Hombre, esta claro que los que son del color del que tuvo más votos sí que ganaron, ¿no? Porque esto es como la Liga, que la gana el que tiene más puntos. Ahí la fiesta estaba justificada: las banderitas, las rimas ingeniosas (me encanta la del “ista, ista, ista…”; se estrujaron el cerebro los tíos), la musiquita, el mogollón de gente… Vamos, que habían ganado y tenían todas las de la ley para montarse un guateque que ni “La fiesta de Blas”.

Pero es que te ibas al barrio de enfrente pensando: “pobretes, estarán ahí todos de bajón, llorando, tumbados por las aceras…”… ¡¡Y una leche!! ¡¡Pero si la montaron más gorda que los otros!! A ver, ¿no habíais perdido? “¿Nosotros? ¡¡Qué va, si hemos recortado taitantos puntos y hemos sumado muchicientos votos!!”. Y estaban ahí todos con sus banderitas, su música de pachanga (que solo faltaba Santi el de la farmacia para que pareciera la Joy), sus rimas tontas (quién iba a pensar que había tantas palabras que rimasen con embustero). ¡¡Llevaban un cachondeo…!! Si hasta le gastaban coñas al candidato. Le decían: “¡¡Presidente, presidente!!” ¡¡Qué jodíos; como no sea de la escalera!! Y yo a lo mío: “Pero, ¿no han ganado los otros?”. Y me decían: “¡¡Qué va, si nuestro partido está ahora más fuerte que nunca!!” ¿Más que cuando ganásteis? Pues si que sois raros. Es como si yo digo ahora que el Valencia está más fuerte que nunca porque tiene más puntos que la semana pasada, ¡¡hay que jorobarse!!

Pero yo, que soy morboso, seguía buscando a alguien que estuviera chungo, a alguien que hubiera perdido. ¿Y dónde buscar? Pues, si los de antes decían que habáin ganado porque habían recortado, habrá que buscar a los que han sido recortados, ¿no? A los que han perdido la mitad de votos y de escaños (palabra fea donde las haya) y esas cosas. Allí ya veías que no estaban de subidón, eso sí, pero ¿perder? ¡¡Ni de coña, hombre!! Como mucho alguno te decía que no eran los resultados esperados… pero, además, como no es culpa suya, no pasa nada. Porque esa es otra: nadie pierde y nadie tiene la culpa. La tendrán los votantes que les han abandonado pero ¿ellos? Ellos no, hombre. Siguiendo con el símil futbolero es como si vas a Mestalla un día de partido y te lo encuentras vacío. “Oye, ¿dónde está la gente?”. “Es que no han venido, ¿sabes? Pero no pasa nada porque se han ido todos a ver al Numancia, que juega contra el Madrid, a ver si le gana”.

Lo dicho, que después de “la fiesta de la democracia” nadie perdió… bueno, yo sí. Yo perdí la paciencia esperando a que alguien tuviera las santas narices de reconocer que, a lo mejor, casualmente, era posible admitir que existía la probabilidad de que algo debía de haber hecho mal. ¡¡Ingénuo de mí!!

P.D. Hablando de perder la paciencia, mis estimados falleros de la Plaza debieron perderla hace mucho tiempo. No se me ocurre otra solución para que el domingo pasado (día 9, recuerden) ya tuvieran la mitad de su “grandioso” monumento plantado. Creo que los de Nou Campanar se han puesto a temblar.

Hilo musical: It’s better people (Oasis). Me viene a la cabeza.

Hilo musical bis (sin que sirva de precedente): Baila el chiki-chiki (Rodolfo Chikiliquatre. Y a mucha honra.

Fonoteca

•Marzo 6, 2008 • 3 comentarios

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Decepcionado me hallo con mis lectores habituales. ¿Acaso nadie se dio cuenta de que en el kilométrico post de ayer había dejado dos pistas acerca del que iba a ser el tema de mi siguiente comentario? Sí, amigos; si revisan mi “Multipost encadenado” podrán ver como dos de los títulos de los minicomentarios se corresponden con el nombre de 2 canciones: “Volver a ser un niño”, de Los Secretos, y “Como un dolor de muelas” del maestro Sabina… ¿Y a cuento de qué esta chorrada?

Pues a cuento de que la semana pasada, en uno de esos ratos esporádicos de ocio, me dio por fijar mi mirada en la triple torre de cd’s (mayormente originales, que conste) que habita sobre mi escritorio, junto al ordenador. Y en esas que me di cuenta de que, en mi repertorio habitual para escuchar mientras trabajo (o en la ducha, para qué ocultarlo), hace tiempo que no salgo del sota, caballo y rey: Quique González, lo último de Pereza y alguna incursión por el popurri megamix que tengo guardado en la lista de reproducción del Media Player. Total, que me decidí a emprender otro de esos proyectos absurdos que tanto me caracterizan y que suelo dejar inconcluso: escuchar de nuevo toda la música que he ido atesorando desde los 13 años, cd tras cd y cassette tras cassette, sin repetir ninguno hasta que no finalice la operación. Hay que reconocer que he consensuado conmigo mismo una enmienda para esta última norma, ya que habrá que repasarse la discografía del gran Quique antes del concierto del 28 de marzo. El caso es que ya he iniciado mi aventura por mis recuerdos musicales, no sin sorpresas, todo hay que decirlo.

Empecé por un valor seguro: los 4 cd’s de singles de Los Beatles. “Yesterday”, “The long and winding road”, “Help”, “Hey Jude”, “Across the universe”… Música de la buena, para motivarse un poco. Me encontré luego con el “Estrella de Mar” de Amaral. No tan bueno, para mi gusto, como ”Pájaros en la cabeza” pero mereció la pena escuchar de nuevo “Salir corriendo” o “Moriría por vos”. A ver, a ver que me depara ahora la suerte…

¡¡”Crepúsculo”!!, el último (en todo su sentido) trabajo de Duncan Dhu, una de mis grandes pasiones ochenteras. Ahhh, cada vez que reescuchó este disco me vuelvo a enamorar de sus canciones. ¿Cuál era la que me gustaba tanto? Ah, sí: la 12, “Hasta que la luz nos despierte”. Canciones sencillas, elegantes y directas. Gran disco. ¿Y esto?… Un disco sin carátula… ¿Qué será? ¡¡Diossssss!! ¡¡La Oreja de Van Gogh!! Ya no me acordaba que hubo un tiempo en que me llegaron a parecer potables y conseguí un par de discos de ellos. Éste es el de “Lo que te conté mientras te hacías la dormida”. Bueeeeno… realmente no está tan mal, se puede escuchar y hasta hay alguna cancioncita simpática. Además, no puedo evitar guardar un buen recuerdo de este disco porque contiene la primera canción comercial que aprendí a tocar con la guitarra, “Puedes contar conmigo”. Sí, hombre, la de “Un café con saaaal…”.

Bueno, creo que ya he superado la crisis. Ahora seguro que vuelven los buenos discos. Efectivamente. El siguiente es el recopilatorio homenaje a Los Secretos. Si ya me gustaba este disco antes, me parece que ahora me gusta más. Debe de ser que me influye saber que Enrique Urquijo era coleguilla de Quique. ¿Y ahora?… ¡¡El “The Best of me” de Bryan Adams!! ¡¡Cuánto tiempo sin escucharlo!! Recuerdo que hubo una época en que no paraba de ponerlo. ¡¡Vaya!! Creo que antes me gustaba más que ahora. No sé… me parece un poco… ¿moñas? Quiero decir… está guay… sigue habiendo temazos (“Everything I do”, “Cloud#9″…) pero… En fin, sigamos.

Pero… pero… ¿qué es esto?… ¿qué hace esto aquí?…¡¡¡Aaaaaah!!!… ¿¿¿Yo tengo un disco de Álex Ubago??? ¡¡¡Noooooo!!! Dios, no me acuerdo de en qué momento de mi vida pudo llegar esto aquí. ¿Me lo regalaría mi abuela al igual que el cd de los Cartoons? ¿Tiene algún tipo de droga escondida y me lo metieron en el equipaje durante algún viaje? ¿Se lo pedí prestado a alguien en medio de alguna borrachera? ¿Me pusieron psicotrópicos en un vaso para sedarme y que me lo llevara de manera inconsciente? En fin, una promesa es una promesa: si está entre mis cd’s, voy a escucharlo…

¡¡Pero cómo se puede ser tan malo!! ¡¡Y tan cursi!! ¡¡Y hacer rimas tan fáciles!! ¡¡No me extraña que nunca se haya vuelto a oir hablar de este chaval!! Aaaaaag, voy a pasarme a escuchar el repertorio de Oasis para desquitarme, que ahí seguro que no fallo. Pero, una pregunta atormenta mi mente: ¿qué otros discos horripilantes guardaré sin saberlo entre mi torre de reliquias melódicas? ¿Tendré algún disco de Melody o de María Isabel? ¿Uno de Los Sobraos? ¿O de Viceversa (“tu piel moreeena sobre la areeena, nadas igual que una sireeena”), quizás? ¿Qué otras sorpresas me encontraré? Iré informando en posteriores entregas.

P.D. Por cierto, ¿qué me toca hoy?… “Standing on the shoulder of giants” de Oasis… bueno, no es el mejor que han hecho pero, al fin y al cabo, es Oasis. Lo peor ya ha pasado… espero.

Hilo musical: Jukebox (Quique González). Por no repetir ninguna de las de arriba.

Multipost encadenado

•Marzo 5, 2008 • 2 comentarios

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Hay cosas que pasan en la vida que no tienen suficiente entidad para protagonizar un post. ¿Qué pasaría si varias de estas pequeñas anécdotas se asociaran para constituir un único comentario y ganarse su minuto de fama? Veamos: 

- En boca cerrada no entran moscas:

Hasta 3 veces en la última semana he estado seriamente tentado, después de llegar a mi casa a mediodía chorreando y con la chaqueta bajo el brazo, de dedicarle un post burlón a todos aquellos que creen en eso de “Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”. Por suerte, alguna fuerza oculta de la naturaleza me lo ha impedido, porque, de lo contrario, y visto el tiempecito que se nos ha concedido hoy, no me hubiera extrañado haberme encontrado esta mañana a la puerta de mi casa a una concentración de personas dispuestas a reírse en mi cara de mi nula capacidad para predecir fenómenos atmosféricos.

- Como un dolor de muelas:

Aunque, ya que hablamos del tiempo, no me negarán que ya va acercándose y notándose poco a poco la presencia de la primavera, cada año más corta y parecida al verano. Y dado que, como ya saben, uno no es muy aficionado a las temperaturas altas, tengo la impresión de que mi cuerpo empieza a ponerse en rebeldía ante la inminente llegada del calor. Así que mis diversos órganos y estamentos anatómicos están tratando de protestar ante lo inevitable declarando diversas huelgas por todo mi organismo. Si hace 2 semanas eran las amígdalas las que plantaban una barricada en mi garganta impidiendo el normal tránsito de alimentos y saliva, estos días es mi muela del juicio la que intenta boicotear mi rutina. De momento ya ha conseguido que algunos de sus camaradas del lado izquierdo de mi boca secunden su actitud imposibilitándome la función masticadora. Al menos no todas las partes de mi cuerpo se lo toman igual; he notado que otras tratan de funcionar a un ritmo mayor del habitual, lo que tampoco me consuela mucho si hablamos, como es el caso, del aparato productor de mocos. Debe ser lo que llaman “huelga japonesa”. Lo dicho: mi cuerpo se revela contra el clima… ¿Y yo qué culpa tengo?

- Huelga la huelga:

Y, hablando de huelgas, ¿cómo no dedicarle un minutito a mis estimados amigos maquinistas de MetroValencia? Ayer publicaba la FGV (Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana) una nota/anuncio en prensa en el que se informaba de los sindicatos convocantes de la actual y prolongada huelga, así como de sus reivindicaciones. Una de éstas se refiere a la petición de un aumento de sueldo de 160 € mensuales. La susodicha nota iba, además, acompañada de un gráfico con la progresión del salario de los maquinistas de FGV en los últimos años. No solo es que esta progresión se haya caracterizado, segun dicho gráfico, por los constantes incrementos; es que (siempre según la nota de FGV, insisto) el sueldo actual de los maquinistas se sitúa en 38.000 € anuales. Doy por sentado que no es que FGV sea una empresa de la total confianza y que estos datos estarán, sin duda, manipulados o sesgados (imagino que se referirán a sueldos brutos o que incluirán pagas y demás), pero aun así, 38.000 al año es mucha pasta. Bueno, también cabe la posibilidad de que los datos que publica FGV estén tan falseados que se refieran al sueldo bruto que perciben los maquinistas incluyendo las pagas acumuladas en los últimos 10 años y expresado en yenes o en rupias de Madagascar y yo no me haya enterado, en cuyo caso se estaría cometiendo un grave abuso contra los pobres, inocentes e indefensos maquinistas. Pero como sospecho que no es así, no puedo callarme. A ver que echemos cuentaaaas… Pongamos que un mileurista cobra 1.000 € al mes. Eso nos hace 12.000 € al año. Teniendo en cuenta que yo jamás he llegado, en mis dos trabajos, a soñar llamarme mileurista… ¿de qué narices se quejan estos mendas? Vaya por delante que el derecho a la huelga es sagrado; pero digo yo que es mucha casualidad que cada año se convoquen paros del 1 al 20 de marzo en horario de mascletà (a las 2 y cuarto de hoy la estación de Alameda parecía Barajas durante la crisis de Air Madrid) y que se huelguée a jornada completa durante la semana fallera. Lo último es que han amenazado con no prestar servicio nocturno estas Fallas. ¡¡Venga, hombre!! Lo peor es que los que lo pagan no son los guiris, que a esos no les importa esperar media hora por ver la “fala” o la “mascleta” ni gastarse una fortuna en un servicio incompetente. Los que lo pagamos somos los pobres desgraciados que no tenemos más remedio que coger el metro (o el bus, que esos son otros espabilados) si no queremos vernos encerrados en un atasco de dimensiones épicas para poder llegar a tiempo al trabajo o a clase.

- Volver a ser un niño:

Ya que sale el tema de ir a clase, me enorgullezco en contarles la nueva ocurrencia de mi profesora de Llengua. De ahora en adelante, cada lunes, un grupo de alumnos se encargará de preparar una sesión real dirigida a primaria y el resto de la clase haremos de alumnos… con todo lo que ello conlleva. La primera experiencia fue el pasado lunes y se convirtió en una auténtica catarsis. Impagable ver a 30 tiarrones/as levantando la mano a cada momento para hablar de lo que hace su padre, chivándose de que su compañero de pupitre ha pegado un moco bajo la mesa, jugando a pares o nones, cantando aquello de “Los que se pelean se desean” o poniendo morros porque estaban enfadados. Que sí, que es en serio, que de verdad esto es una carrera universitaria… aunque se parece tanto al cole…

- El pasado llama a tu puerta:

Ahora que digo cole, impactante la cantidad de ex-compañeros de tiempos de EGB con los que me he tropezado en escaso márgen de tiempo. Dejando de lado que en Nochevieja me sorprendí al encontrarme con Jose Vicente García Herraiz, al que la vida ha situado de propietario de un restaurante en Valencia, en las últimas dos semanas me he encontrado con hasta 5 miembros de mi clase en época primaria, a tres de los cuáles debe de hacer más de 10 años que no veía. Para rematar la faena, en la boda de Miryam sus amigos les prepararon un vídeofotomontaje de regalo en el que aparecía ¡¡yo con 8 años!! junto a Carlos (el novio) y el resto de mi clase. Surprise, surprise…

- ¿Casualidades de la vida?

Uno de estos viejos colegas educandos con los que me he reencontrado en fechas recientes fue Asensio. ¿Se acuerdan? Sí, hombre, el chico que me traumatizó contándome que le habían extirpado las amígdalas a lo vivo. Pues el caso es que al día siguiente de escribir acerca de él me lo encontré (insisto, más de 10 años después) en el transcurso del breve trayecto que separa mi casa del Opencor, adonde acudí a conseguir mi ejemplar de Harry Potter. “¡Qué casualidad tan curiosa!!”, pensé para mí tras aquel encuentro. Y ahí se hubiera quedado de no ser por un enigmático hecho que me hace sospechar que algún ente superior con poder sobre el destino sigue este blog. Porque de lo contrario no se me ocurre manera de explicar como, un día después de proclamar desde La Casa de Plastilina que nadie me había explicado los motivos de la huelga de metro, me encontrará mi convoy sembrado de octavillas del sindicato convocante justificando los paros. ¿A que da que pensar?

- La Semana Fantástica del educador Junior:

Digo yo que no si será casualidad esto también o no, pero el caso es que los educadores de nuestro centro nos hemos encontrado con una semana totalmente diferente a lo habitual. Empezamos el pasado viernes con la excursión masiva a Aldaia y posterior invasión del TAMA para acudir a la Final de la Lliga d’Improvisació. Resultado: Festival generalizado de carcajadas y noche perfecta (¡¡hasta los azules se llevaron un punto!!). Ahora, para que no pare la fiesta, se presenta una Acampada de Educadores que promete ser tanto o más divertida que cualquiera de los desvaríos que nacen de nuestras calenturientas mentes. Y, encima, empalmaremos con las vacaciones de Fallascua (término de laboración propia y dudosa validez) en las que no faltará una cenita de Fallas (digo yo) y en las que, probablemente, también tocará una reunión amistosa de trabajo y diversión (que nosotros sabemos juntar las dos cosas como nadie).

- ¿Alguien ha dicho Fallas?

Ja estem en Falles… yuju… (nótese la ausencia de exclamaciones).

Y, hablando de cosas verdaderamente importantes, ¿les he dicho que María está trabajando?

Hilo musical: Supersonic (Oasis). …y cosas que no tienen nada que ver.

Miryam

•Marzo 3, 2008 • 3 comentarios

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Mi primer recuerdo de ella es una reprimenda que me soltó por escibir su nombre con dos ies latinas. Hace tanto que nos conocemos que ya ni recuerdo cómo nos hicimos amigos. Supongo que sería a base de subidas y bajadas al Carrer Convent, con legañas mañaneras y hablando de todo y de nada, de amoríos adolescentes, de lo que nos importaba en aquellos 14 años que teníamos en los estertores del 97, de cosas de clase, de cosas banales y trascendentes, para reír y para llorar. Sí, supongo que así fue como nos hicimos amigos. Así fue como, de pronto, sin comerlo ni beberlo, me sabía, meritoriamente, los nombres de sus (por entonces) 6 hermanos, como descubrí que había alguien que podía saberse mi vida incluso mejor que yo y como su madre le decía irónicamente, cuando venía a mi casa a pasar horas muertas, que si la esperaba para cenar.

Por aquel entonces Miryam ya lucía perennemente su bien más preciado: su sonrisa. Esa sonrisa que nadie como ella era capaz de derrochar, de regalar a raudales. No existía (ni existe) mal día en el mundo que pudiera esconder su risa franca, contagiosa, cantarina y sincera. Tal vez por eso es tan fácil confiar en ella y tal vez por eso es tan sencillo escucharla y dejar que ella confíe en ti. Y así, de tanto confiar y escuchar, fue creciendo nuestra amistad a la par que su número de hermanos y, curiosamente, de manera inversamente proporcional al tiempo que podíamos compartir. Las cosas de la vida y del sistema académico nos fueron robando poco a poco la posibilidad de pasar tiempo juntos. De vernos a todas horas durante dos años, pasamos a saludarnos por los pasillos y a bromear de vez en cuando durante el patio y, conforme dejábamos de ser adolescentes, nuestra amistad fue saliendo de los muros de Monte-Sión y empezó a labrarse entre cafés y cervezas. Quedábamos poco, hablábamos poco, nos veíamos poco; pero cada vez que compartíamos una mesa en el Espresso o en el Templo parecía que no hubieran pasado los años y que seguía teniendo ante mí a la misma niña risueña y espontánea de siempre.

El otro día, sentado en el banquete de su boda, no pude evitar un comentario de complicidad con Enrique el Confesor: “Se mos ha fet major”. Y tanto que sí, pero sigue sin perder lo que hace que sea tan grande: su alegría natural, su sencillez y su espontaneidad. Una espontaneidad que se tradujo al verla llegar en comitiva con toda su familia, casi corriendo, por las calles de detrás del Buen Consejo. Una sencillez que la envolvía en su traje blanco y la hacía radiante y exultante. Una alegría que impregnaba cada momento de la celebración, cada palabra, cada canto, cada uno de los miles de recuerdos que acudían atropellados a mi mente, cada lagrimita de emoción que me asomó.

Asi que, atentos, señores. Clin, clin, clin. Levanto mi copa y brindo por su fututo, por sus ilusiones, por sus proyectos, por Carlos, por los años pasados, por los buenos ratos que nos quedan por vivir y porque sigue dejándome llamarle, con todo el orgullo del mundo, amiga.

¡¡Gracies per tot, enhorabona i no deixes mai de ser feliç!!

Hilo musical: Grita (Jarabe de Palo). La canción bandera para hablar de amistad.

Odiario (o El día de la ira)

•Febrero 28, 2008 • 7 comentarios

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Hoy esto va de emular a Carlos Goñi, ni más ni menos; sin música ni rimas pero con toda la mala leche contenida del mundo:

- ODIO al típico profesor treintañero de Llengües en Contacte de 2º de Magisterio de Ed. Física de la Escola de Magisteri de València que tiene los santísimos redaños de interrumpir la intervención en clase de un alumno y espetarle que no le está escuchando y que no le importa lo que le está diciendo mientras se da la vuelta, y que tiene las narices de soltar las siguientes perlas ante futuros maestros: “Yo no tengo que adaptarme a vuestro nivel; vosotros tendréis que subir al mío” o “Es divertidísimo ser maestro porque puedes llamar tonto a un niño sin que se entere”.

- ODIO a la gente que busca destruir, que no aporta, no edifica; solo vigila y amenaza con una burda espada de Damocles… y no estoy hablando de políticos.

- ODIO a los árbitros cegatos que no distinguen una mano del resto del cuerpo

- ODIO el servicio de metro de Valencia y sus dichosas huelgas de día sí y día también que únicamente sirven para hacer la Pascua al usuario de a pie, hecho este que se la resbala a la Administración Pública. Los odio por ser el colectivo más huelguista de España (y me corto en decir de Europa), por hacer sus plantes porque sí (al menos a mí aun no me ha explicado nadie los motivos) y por hacerlos de manera sistemática a pesar de sus nulas posibilidades de éxito. Si lo que quieren es que la Administración atienda sus reivindicaciones más les valdría buscar otras estrategias más efectivas: aumenten unilateral y espectacularmente la frecuencia de paso de los trenes (que hay material para ello) y verán como los pagarines gubernamentales reaccionan ante la subida de los costes del servicio. O, mejor aun, como decía una usuaria ayer, hagan jornada de puertas (tornos) abiertos y verán como escuece eso a las altas esferas. Lo que sea, menos seguir choteándose de la ciudadanía. 

- ODIO a los que siguen intentando convencerme de que el Valencia, que hizo un puñetero tiro a puerta en 95 minutos, jugó un partidazo ante un equipo que bombardeó en 26 ocasiones el marco rival.

- ODIO a los niñatos (término no relacionado directamente con la edad biológica) que gozan mostrando al mundo, con la ayuda de sus móviles, procedentes (general y mayormente) del bolsillo de papá, sus tropelías, idioteces, conductas antisociales y delictivas, vejaciones varias y desvaríos de sus exiguas mentes simioides en general.

- ODIO a los que ponen reuniones el mismo día y a la misma hora en que el Pamesa se juega la clasificación para octavos de la ULEB y el Valencia juega una semifinal de Copa contra el Barça.

- ODIO a los que llevan reggaeton y flamencoide acamelado a todo trapo en la radio del coche y se paran en el semáforo de mi calle, obligándome a soportar un minuto de sus vomiteras pseudomusicales.

- ODIO a los radicales, los intransigentes, los intolerantes, los que añoran el militarismo y el totalitarismo… que en todas partes los hay (subrayen lo de “todas”). 

- ODIO a la gente sin sentido del humor que ve provocaciones y ofensas por todas partes, que siempre está a la defensiva y que no es capaz de reírse de sí mismo.

- ODIO a los que intentan meter propaganda política en las aulas de infantil y primaria.

- ODIO a todos los ejecutivos y programadores televisivos que solo miran por su oronda tripa desdeñando el enorme potencial educativo informal que tienen ante sus manos, regalando mierda a diestro y siniestro para gozo y deleite del populacho y regodeándose en unos miserables números que sirven para justificar sus contínuas agresiones e insultos a la salud mental y la inteligencia de sus televidentes.

- ODIO a los intrusos, a los lisssstos (que no es lo mismo que “listos”), a los pedantes, a los que hablan de todo sin saber de nada (que por no saber, no saben ni escribir sin faltas de ortografía).

- ODIO que me tomen por tonto y que me traten como a tal.

- ODIO a todas las personas y cosas que me han motivado a escribir este post.

¡¡Aaaaay, que a gusto se queda uno!! Es como… bueno, omitiré las comparaciones escatológicas.

Por cierto, por si alguien aun no lo ha cogido, llevo un par de días de mal café. Que esto les sirva de ejemplo para no seguir mi dinámica, o sea, ¡¡que disfruten!!

Hilo musical: Odio (Revólver). Odio ser tan previsible y poco original.

Rap-e a la parrilla

•Febrero 26, 2008 • Dejar un comentario

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Tras este pésimo juego de palabras que solo me hace gracia a mí (imagino), se esconde la crónica del pasado sábado, en el que un abultado grupo de intrépidos niños y jóvenes del Torrent profundo, ataviados de pañoletas rojigualdas (eviten los silogismos patrióticos, por favor) y blanquiazules, invadieron Sedaví dispuestos a compartir un nuevo día de risas, bailes, canciones, juegos y cristianismo del bueno junto a más de un millar de Juniors de la contornà. Sí, señor, lo han acertado: el sábado se celebró un nuevo Festival de la Canción Junior.

Ante todo, situémonos. Festival de la Canción Junior, o sease, como Eurovisión pero con menos frikis y con canciones que hablan de Jesús y del estilo de vida Juniors. Para esta ocasión, los centros de La Asunción-Amparo Alabarta y Monte-Sión habían decidido fusionar sus innegables talentos (talento borreguil de los primeros y talento musical de los segundos) en pos de recuperar un ansiado triunfo que a nosotros se nos resistía desde hace 4 años. Para ello, ese crack del pentagrama que es el tío Chema (Chemical) había compuesto todo un señor rap digno del mismísimo Eminem. Tras semanas y semanas de ensayo (en concreto 3, todo un récord para nosotros, acostumbrados a hacer un ensayo y santas pascuas) llegaba el gran día.

Y ese día, como mandan los cánones del Festival, y por mucho que Sara Ortí se empeñe en discutirlo, hacía una caló exagerá. Es una máxima irrefutable, un capricho de la Madre Naturaleza, un designio inalterable del destino: en todo Festival de la Canción acabas en manga corta y, aun así, chorreando. Da igual que se celebre en febrero o que haya estado toda la semana lloviendo (como ha sido el caso); siempre hace un calor que te torras. Bueno, siempre no. Hay otra posibilidad: que llueva, se suspenda y se aplace para mayo, donde el calor es, si cabe, más asfixiante.

Pero da igual el calor. Sigue siendo mi actividad favorita del año; y más si, por una de aquellas, te cae un premio. Sí, sí, han leído bien. No solo Javier Bardem ha triunfado este fin de semana. También nosotros pillamos cacho. Sí, bueno, ya sé que no es un Óscar; pero tampoco es el premio a la mejor animación, que antaño parecía el único al alcance de nuestras posibilidades. Ni más ni menos que nuestro binomio torrentino se llevó el ¡¡Premio a la Mejor Música!! No hace falta decir que, tras cuatro años sin rascar bola, las escenas de euforia y alegría desbordada fueron constantes: besos, abrazos, cánticos, lágrimas… digo yo que sería así, porque en esos momentos yo me hallaba celebrando la victoria en soledad allá arriba del escenario con Adriana (mi guitarra, ¿recuerdan?) entre mis brazos y sin un solo compañero de grupo con el que compartir el triunfo. ¡¡Aaaay, la soledad del artista!! Aunque tampoco estuvo tan mal ese ratito, porque, para demostrar que Juniors somos una gran familia, me hice amiguete de tres de mis coleguillas guitarristas (de los que ni siquiera sé el nombre, para qué negarlo) y nos pasamos la misa de risas absurdas (espero no ir al infierno por eso, Dios mío).

Lo dicho. Me encantan los Festivales de la Canción… aunque se me hizo un poco raro no pegarme un par de bailoteos payasos con Gema. ¡¡Sniff, sniff!! No patisques, l’any que ve, més.

P.D. ¿¿¿Alguien más se ha terminado ya Harry Potter??? ¡¡¡¡Nesecito comentar mis impresiones con alguieeeeeen!!!!

P.D2. Recomendación cultural de la semana: No se pierdan Juno; una peli refrescante, sorprendente, nueva, inteligente, tierna, un puntito irreverente y con algún que otro ramalazo de humor cochino, de ese que a todos nos gusta aunque no lo reconozcamos. La demostración más efectiva de que lo independiente puede llegar a todos los públicos. Diga lo que diga, les va a sorprender cuando la vean. Solo un comentario para convencerles: ¿recuerdan muchas comedias que estuvieran nominadas al Óscar?

Hilo musical: Un buen día (Los planetas). Pues eso… pero sin los cuatro millones de rayas 

No molesten

•Febrero 21, 2008 • 7 comentarios

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Si Dios quiere y si no se me adelanta una horda de personajes ataviados con escobas, gorros puntiagudos y varitas mágicas que arrasen con todo lo que pillen por delante, dentro de algo más de una hora podré tener al fin en mis manos el libro definitivo, el que llevo 5 años esperando, el que promete robarme algunas horas de sueño y regalarme otras tantas de sofá y lamparita de pie. A las 18:30 sale a la venta en castellano (por fin) el desenlace de la única saga que ha logrado cautivarme en mi vida (además de “Liberad a Willy”): “Harry Potter y las reliquias de la muerte”.

No voy a perder ahora tiempo en explicar por qué me gusta tanto el joven mago nacido de la desvariante mente de J.K. Rowling. Tampoco voy a detenerme en debates acerca de si, como me decía hoy María, Harry Potter es realmente literatura o no, sobre si es (ha sido) realmente algo nuevo, innovador y refrescante o no hace más que resucitar y amalgamar los clásicos del género fantástico juvenil (como sostenía mi “profa” de Lengua del año pasado), o sobre si es cierto que ha supuesto (como tantas veces se ha intentado vender) un factor clave para que los niños y jóvenes de este país se atrevieran a apagar la Play y ponerse a leer. Ni siquiera voy a pararme a reflexionar acerca de lo intempestivo de la hora que el sagrado dios del marketing ha programado para su lanzamiento al mercado o sobre cómo narices han controlado que cualquier librería de pueblo (tipo Sento Beguer) no haya empezado a vender ejemplares a primera hora de la mañana, saltándose a la torera las imposiciones de los publicistas y editores.

Todas esas cosas las dejo para otro día. Hoy solo voy a preocuparme de leer y disfrutar. Disfrutar de una experiencia tan ansiada como temida. Porque conocer el definitivo devenir de Harry, Ron, Hermione, Voldemort y compañía también implica que nunca más volveremos a saber de ellos, que no habrá (al menos así lo jura y perjura la Rowling) octavas partes, secuelas ni precuelas. Tendremos que acostumbrarnos a vivir sin esperar la próxima aventura de Potter. Al menos aun nos quedan un par de pelis, que no es lo mismo (ni de lejos), pero algo es algo.

Pero bueno, lo dicho, hoy no me llamen, no me manden mensajes o mails, no me busquen, no me necesiten para nada, no me molesten. Llámenme insociable si quieren, pero hoy tengo una cita con un libro y ya la tenía concertada hace tiempo, o sea que no estoy para nadie de carne y hueso.

P.D. Por si alguien está pensando mal, aclaremos que, aunque sea un frikypotter, no lo soy tanto como para vestirme de brujo y apostarme en la puerta del Corte Inglés a esperar la cuenta atrás. Soy fan, pero de paisano.

Hilo musical: Nos invaden los rusos (Quique González). Lo mejor del disco más esperado para poner banda sonora al libro más esperado.