En pocas palabras…

•junio 2, 2008 • 3 comentarios

– Hay veces que solo se puede decir, bien fuerte: GRACIAS.

Los (muchos) nervios, las lágrimas, la ausencia de sueño… Todo mereció la pena.

– Definitivamente, las casualidades no existen. Evangelios y Migueles Nemesios aparte, si el sábado no llueve, nos hibieran faltado sillas, mesas y Placeta de l’Església. Escalofriante.

– Las buenas noticias nunca vienen solas

P.D. Con la fase “trabajitos” casi superada, estoy oficialmente de exámenes… y sin ningún fin de semana libre en 2 meses y medio a la vista. Tengan paciencia conmigo.

P.D2. Si alguien no entiende nada del post de hoy, que me deje un comentario y otro día se lo cuento, que hoy voy muy liado.

Hilo musical: Oración Juniors al piano (by Sonsoles Català). Cuando la escuché por primera vez pensé que era una cutrez y ahora no me la puedo quitar de la cabeza

…Y el séptimo descansó

•mayo 8, 2008 • 3 comentarios

Cuentan las malas lenguas (o las buenas, según se mire) que un día, hace mucho tiempo, estaba Dios aburrido (más que nada porque estaba solo) y se le ocurrió crear el mundo. Y de paso, ya que estaba, después de trabajar 6 días en su gran obra, pensó en descansar, inventando así el fin de semana (o weekend, que es más cool). El plan era guay: 6 días currando duro (luego se redujeron a 5 por presión de los sindicatos y la patronal) y luego un descansito para dedicarse a uno mismo y a contemplar los frutos de su trabajo. ¡¡Claro!! Como se nota que Dios no tenía amigos, ni novia, ni familia ni nada. Porque si los hubiera tenido, de descansar nada: el séptimo día hubiera tenido boda… o bautizo… o cena de ex-compañeros de la facultad… o algo.

Y claro, como yo sí que tengo familia, novia, familia de la novia, amigos (alguno habrá por ahí) y todo eso, ya hace casi un mes que no sé lo que es tener un fin de semana libre… y lo que me queda. Les resumo:

Lo último que saben de mí, aparte de que María se sacó el carnet, fue que pasé el fin de semana del 19-20 de abril de acampada compartida con 150 personas. Agréguenle a eso un viaje de ida y vuelta a Torrent para asistir a la boda de los tíos de mi Futura y tendrán un fin de semana altamente estresante. Pero eso no es todo, amigos. Porque lo típico cuando uno vuelve de acampada es llegar a casita, derrumbarse en el primer sillón/sofá/taza-del-w.c. que pilla y disfrutar luego de la ducha del milenio. Pues como aun no estaba yo bastante quemado de la combinación acampada+enlace, el destino me llevó de Benagéber directamente al ensayo de cantos para las Bodas de Plata de mis venerables suegros. Total, que a eso de las 9 de la noche aun llevaba yo puesta la pañoleta y la camiseta de SuperJunior (por cierto, este sábado de nuevo a la venta por 8 euretes).

El fin de semana siguiente (26-27 de abril), empezó prematuro: el viernes 25 por la noche Bodorrios de Plata por todo lo alto de los Srs. de Veguer. Me salto toda la crónica del evento (para no aburrirles) y les diré simplemente que a las 5 de la madrugada me derrumbaba en mi cama bien misado, bien cenado, bien bebido (sin excesos) y bien reído. Y a las 9 de la mañana, volvía a abrir los ojerosos ojos para vivir un día intensivo Junior con preparación de campamento (promete, como siempre), comida improvisada con Carles y Gema y tarde de sábado (como siempre, por otra parte). Cualquiera de ustedes me dirá: “Pobret, qué marcha lleva”. Pero aun no hemos acabado, ¡qué va! Aun queda la noche del sábado (reunión del grupo de novios con cabezadas somnolientas en el hombro de María) y el domingo, con el bautizo de mi ahijado político, Jaime, como plato estrella. En resumen, entre pitos, flautas, convites, primos llorones, regalos perdidos y Schweppes para rebajar, a las 12 de la noche del domingo-lunes servidor aun iba por el mundo.

Pero, como no hay dos sin tres, el pasado fin de semana (3-4 de mayo) también tuvo tute… y para más inri, puente. El puente estuvo protagonizado, en primera instancia, por un romántico idilio con mi ordenador en aras de realizar una Unidad Didáctica que aun llevo entre manos (¡¡ya queda menos!!). Pero, por fin, llegó el fin de semana. Empezamos con la despedida de soltero de Felipe, vivida a tiempo parcial y con el Juniors a caballo. Por la noche, una vez renuncié a la fiesta preceptiva en la Joy (això me faltava), tocaba cumplir de buena gana con mis obligaciones de novio torrentí: la Enrramà. Y claro, esas cosas se acaban alargando hasta, pongamos, las 4 de la mañana. Pero no pasa nada, ¿verdad? Porque al día siguiente es domingo y se puede descansar, ¿no? A no ser que el Cuñao sea Clavari del Rosari y te invite amablemente a hacerle de barrero y llevar la Marededeu (que ya les digo yo que pesa lo suyo) de buena mañana. Y luego, misa… y comida familiar… y tertulia… y guardería de los Romeu… y procesión… y cena familiar…

… Y este sábado el Día Junior Arciprestal (si el tiempo lo permite)… y dentro de dos fines de semana toca limpieza de campamento, reunión de padres para las pañoletas, cumpleaños, comuniones… y al siguiente boda de Felipe y María… y al siguiente Imposición de Pañoletas y 40 aniversari (recuerden visitar la página; la encontrarán en el blogroll)… y al siguiente…

¡¡Buuf!! Mejor dejo de pensarlo que ya me estoy cansando. Suerte que entre semana no tengo nada que hacer salvo los 3000 trabajitos que mis amables profesores me van mandando…

Si seguimos así acabaré poniéndome en huelga.

Hilo musical: ¿Quién me ha robado el mes de abril? (Joaquín Sabina). …y amenaza con robarme el de mayo.

Motorizada

•abril 23, 2008 • 3 comentarios

Esta es la segunda vez en el año de historia que adorna a La Casa de Plastilina que voy a actualizar por partida doble, pero es que la ocasión lo merece. La primera vez fue porque, hace pocas fechas, ésta, su Casa (aunque yo tengo las llaves y la escritura, jejeje), cumplía sus primeros 12 meses de vida. Esta vez, el motivo es que María, tras ímprobos esfuerzos y grandes sacrificios y tras vencer sus temores, ya tiene, por fin, el ansiado carnet de conducir.

Lo de “ya tiene” es una forma de hablar, porque aun tardarán una semana en darle un documento provisional para poder circular y un mes en darle su flamante y definitivo carnet nuevecito. Pero bueno, el caso es que el sufrimiento ya ha pasado y qué menos que realizarle un homenaje por todo lo pasado, por los momentos de frustración, por las decepciones, por los malos tragos y porque se lo merece, hombre. Y, lo más importante, como le decía este mediodía a mi madre, ya me puedo poner borracho tranquilamente los sábados por la noche.

En fin, si la ven por la calle a pie, felicítenla. Y si la ven al volante, tengan paciencia, que es nueva en esto. Eso sí, dentro de nada, que se prepare Carlos Sainz.

P.D. La foto es en Roma, frente a Castel Sant’angello. Es que no había puesto todavía ninguna en el blog, jejeje.

Hilo musical: Nicky Lauda (Los Petersellers). Una nota de humor

Bailando bajo la lluvia

•abril 23, 2008 • 2 comentarios

Hace 4 años viajábamos, luchando contra las inclemencias metereológicas y atravesando el espeso manto nival, al país de Oz. Al año siguiente nos metíamos en la cámara del tiempo para recorrer la segunda mitad del siglo XX. 365 días después, la fría y húmeda Escocia era el objeto de nuestro mágico viaje anual de dos días. El año pasado, nos dejamos de paseítos y nos establecimos en un alocado manicomio (obsérvese la redundancia). 4 años de acampadas Junior para mi menda, 4 años de fines de semana para el recuerdo, de juegos, disfraces, risas y anécdotas. Y como, según dicen en el mundo taurino, no hay quinto malo, el pasado fin de semana la maquinaria Junior volvió a ponerse a la máxima potencia para trasladar a Benagéber ni más ni menos que la academia del famoso (aunque yo no lo haya visto jamás) programa televisivo de Fama.

Uno, que está inmerso en plena semana grande de su familia política (bodas y bautizos; solo faltan las comuniones), ha tenido que vivir la acampada a media jornada (que no a medio gas), pero eso no ha impedido que hayan sido dos días de carretadas de risas, imágenes para el recuerdo, caras de ilusión y felicidad y, sobre todo, grandes dosis de estilo de vida cristiano.

Y todo eso a pesar del intermitente aguacero que, no solo complicó mis subidas y bajadas a Torrent, sino que llegó a boicotear el juego de la noche (con lo que nos había costado prepararlo, mecachis), el de la mañana del domingo y la excursión (por llamarle de alguna manera) a Benagéber City. Sí, sí. 4 años después, la meteorología nos ha vuelto a obligar a pasar el fin de semana confinados en el comedor del campamento; entonces fue la nieve, que por lo menos tenía su gracia, pero esta vez ha sido la lluvia, que, por mucho que a mí me guste, a la mayor parte de la población le repatea.

Pero no se asusten, que cuando hay ganas, un equipo de educadores de los buenos, mucha ilusión por lo que se hace y un poquito de empujón divino, nada puede salir mal. ¿Que no podemos hacer el burro fuera? Pues lo hacemos dentro: récord de saltos (2000 y pico en dos minutos; para más información acudan a Miope, que yo no estaba), danzas variadas (Ivanhoes, Arrikichís, Minués, Afufas y otros recursos de animación), pista de baile y pachangueo (como no, estábamos en Fama; indescriptible el tándem Gema-Lucía), ensayos para bodas y encuentros gloriosos (con damas de honor y Reina del encuentro un tanto peculiares) y mención especial para la demostración más brutalmente desternillante del juego de la Estrella que haya visto en mi vida (y no han sido pocas, que 9 años en este negocio dan para mucho).

Total, que, como dice por estas gloriosas tierras valencianas, “ja pot ploure”, que nosotros sabemos cómo pasarlo de muerte con 125 niños y un comedor. Y, si esto funcina así con lluvia, ¿qué seremos capaces de hacer en verano?

P.D. Y, hablando de Juniors, ¿les había dicho ya que nuestro centro de la Asunción-Amparo Alabarta, pionero en el rollo este de las pañoletas y los crismones, cumple este año 40 añazos? Será el 31 de mayo y está invitado todo ex-niño, ex-educador, simpatizante y/o curioso que quiera compartir este momento con nosotros. Para una completa información del evento y una cuenta atrás con fotos que van desde “l’any de la polca” a la edad contemporánea, no dejen de visitar la web (que no les engañen, es un blog) oficial del Aniversario, 40 Anys Juniors. Y anímense a comentar en ella, que está la cosa un poco parada.

Hilo musical: Si quieres bailamos (Pereza con Quique González). Cada sábado de 17:00 a 20:00, en la Parroquia de la Asunción de Torrent, sigue el baile

Yo amo este juego

•abril 18, 2008 • 3 comentarios

Nuestros amigos los estadounidenses (me niego a mal llamarles “americanos”; no es justo meterles en el mismo saco que argentinos, canadienses o guatemaltecos) se caracterizan, entre otras cosas, por su afán exportador. Exportan televisión (miren sino a Carles y su devoción por las series yanquis), exportan comida (fastfudes y otros enemigos de la dieta mediterránea), exportan cine (con ejemplos sublimes y otros lamentables), exportan música (ídem de lo ídem, aunque, en general, su música no es de mi gusto), exportan moda (pantalones por las rodillas, gallumbos a la vista, etc; lo último es ser emo) y, entre otras muchas cosas más, exportan deporte. Y así es como nos han colado, por ejemplo, cosas como la NBA.

La verdad es que nuestra generación (cosecha del 83, nunca me canso de repetirlo con orgullo) tuvo la suerte de conocer la Edad de Oro del espectáculo baloncestístico de los u, ese, a. Los habitantes de los últimos 80 y primeros 90 aun recordamos con nostalgia al fabuloso Dream Team, al incomparable Air Jordan, a Magic Johnson (menudo trauma que nos creó cuando creíamos que moriría de sida), a Larry Bird, al genial John Stockton (mi favorito, no puedo negarlo), a Dominique Wilkins, a James Worthy con sus gafas de bucear, al Gordo Barckley, a Clyde Drexler y un largo etcétera de figuras de relumbrón a las que daba gozo ver en aquellos tiempos remotos en que la 2 retrasmitía sus partidos (por no hablar de la Olimpiada de Barcelona).

Pero aquellos tiempos felices pasaron y, claro, el afán exportador obligó a las cabezas pensantes de la NBA a inventar, marketing mediante, nuevas figuras que sustituyeran, e incluso mejoraran a las nombradas. Pero, ¡ay, amigo!, la cosa estaba chunga. Apareció primero una nueva hornada de estrellas a la sombra de Shaquille O’Neal que, entre que convivieron con los últimos años de las grandes glorias y que, para que negarlo, malos no eran, consiguieron mantener el tirón y la supremacía de la gran liga estadounidense.

Pero aquello no era bastante y, a pesar de la aparición de nuevos cracks, como mi idolatrado Allen “The answer” Iverson, la NBA tuvo que, no inventar, sino reinventarse. Y así fue como se acabó la época del espectáculo técnico, de los pases imposibles de Magic y Stockton o los vuelos sin motor de Air y pasamos a la era del músculo, en la que las estrellas son tipos superfibrosos, macarras del Bronx de los que saldrías huyendo si te los encontraras por la calle. Y, además, visto que los principales jugadores empezaban a no tener todos el pasaporte de los EEUU, se inició la gran expansión que propició la llegada de los Nowitzki, Yao Ming, Stojakovic o nuestros famosos ÑBA. Pero ni aun así, oiga. ¡Si es que hasta los extranjeros que hay ahora pierden por goleada contra los 4 valientes que se animaban a cruzar el charco años ha! O, díganme sino, ¿hay punto de comparación entre el grandullón chino Yao Ming y el mítico y carismático Manute Bol o el gigantesco y bonachón George Muresan?

Pero lo más grave para los intereses de la Gran Liga ya no es que empiece a verse obligada a buscar estrellas en el extranjero. Es que en el extranjero se empieza a jugar mejor. Y para muestra un botón (que es donde quería llegar hoy después de todas estas vueltas). ¡¡Qué partidazo se marcaron ayer el DKV y el Madrid!! ¡¡Baloncesto en estado puro, del que ya no se ve todos los días!! De todo, oigan, como en botica: polémica (la técnica de risa a Rudy, la descalificante que le perdonan a Raul López, los inexistentes pasos de este mismo en el último minuto…), canastones ( alley-hoop Rudy-Ricky desde el saque de banda con 2 segundos de posesión, puerta atrás de Mumbrú con mate final, coast to coast de Rudy…), festival de triples (nuevo récord histórico de la ACB para la Penya), jugones en estado puro (35 puntos de Bullock, 30 de Rudy y el descaro insultante de Ricky Rubio), un tanteo de vértigo (93-101) y, lo mejor de todo, perdió el Madrid. Sí, miren, no lo puedo negar. Uno, como buen aficionado, tiene sus simpatías… y sus antipatías, que se centran básicamente en los blancos. Vamos, que, como en fútbol, les tengo una tirria que no me veo (mención especial para Felipe Reyes). Y, además, los verdinegros me caen bien (amén de ser, de largo, el equipo que mejor y más bonito juega en toda España por no decir Europa).

Pero bueno, no nos desviemos del tema y vayamos con la conclusión. Olvídense del mito, la NBA ha muerto; ¡¡viva la ACB, viva el baloncesto y viva el producto español!! Que ya será hora de que exportemos nosotros algo más que jugadores sueltos. I love this game… digooo… ¡¡Me encanta este juego!!

P.D. Si el tiempo lo permite y no nos envolamos antes como una cometa (envolamos no existe, ¿verdad?), mañana nos vamos de acampada con ciento veintipico niños a Benagéber. ¡¡Que no nos pase ná!! La semana que viene no se pierdan la crónica en este mismo lugar y en otros blogs amigos.

Hilo musical: Rockin’ chair (Oasis). Porque mola, porque quiero y porque me apetece.

 

En boca cerrada

•abril 17, 2008 • 1 comentario

Si alguna vez me hago famoso, algún reputado periodista decide entrevistarme y en su cuestionario aparece la pregunta “¿Cuál es su mayor virtud?”, ya tengo preparada la respuesta. De hecho la tengo preparada hace mucho tiempo; siempre pensé que mi mejor virtud, modestamente, es saber reconocer mis múltiples defectos, entre los cuales está el hecho de que soy un irremisible bocazas.

Y, como a todo buen bocazas que se precie, más de una y más de dos veces me ha tocado retractarme de mis palabras y meter el rabo entre las piernas (por cierto, ¿es mi mirada sucia o esta expresión es una auténtica guarrada?). Pero hay veces, poquísimas, no se vayan a creer, que ser bocazas mola y que reconoces tus excesos verborréicos de buen grado. Ayer fue una de esas veces, o mejor dicho, ayer hubo varias de esas veces.

Todo empezó a mi llegada al chalet de Seve, centro de operaciones de la pandilla para la final copera. Primeros comentarios sobre la final y ahí que voy yo: “En realidad me da igual quien gane”. ¡¡¡Bocazas!!! A ver quien se cree eso después de verme tres horas más tarde tocando el claxon de Tigre como un salvaje durante un prolongado tour festivo por las calles torrentinas. Pero volvamos al chalet de Seve en la previa del partido.

Otra de mis perlas fue la consabida de “el Getafe se lo merece más”. ¡¡¡Pedazo de bocazas!!! Aun me cuesta entender que mis amigos no me mandaran a freir monas cuando, después del gol del Moro, me puse a disertar acerca de la justicia divina del fútbol, que nos resarcía los disgustos de las dos finales de Champions, y de la escasa enjundia de las víctimas que el Geta había dejado en su camino a la final copera, en contraposición a las durísimas eliminatorias que nosotros habíamos soportado. ¿Quíen más que el Valencia se lo merecía?

Seguimos en la conversación pre-partido. Otra frase memorable salida de mi boca: “Es que no me apetece nada esto, ¿eh? No tengo ambiente de final. Queden como queden, a las 12 a casita, que no está el asunto para fiestas”. ¡¡¡Rebocazas!!! Solo 15 minutos después de tan tajante aseveración, bajando a Torrent de camino a recoger a María, el sonido del “Amunt Valencia” en el castizo dial de la 97.7 me erizaba el vello de la nuca y, un instante después, me descubría cantando el himno a voz en grito en la soledad de la cabina de mi fiel vehículo. Para rematar el subidón, sonaba el épico tema central de Alejandro Magno (la B.S.O. de la visita papal a Valencia), temazo espectacular donde los haya. ¡¡Toma ambiente de final!! Y durante el partido, a morderse las uñas (a pesar de los maternales codazos de María que trataban de impedirlo). Tan nervioso estaba que me puse a hacer estiramientos durante el descanso. “Estic desficiós”, decía yo. Que te crees tú eso, bocazas; lo que tienes es ambiente de final. Por cierto, a mi llegada a casa, a eso de las 2 de la mañana, con algunas cervezas entre pecho y espalda, tampoco recordaba mi intención de retirarme a las 12.

Y volvamos al jardincito de Seve, charlando en torno a una barbacoa modelo Homer Simpson. Primeras porras. Seve apunta al 3-1 (¡qué ojo el suyo!), pero yo me descuelgo con un 1-2 para el Getafe, “¡y que no sea 0-2!” ¡¡¡Requetebocazas!!! Sin más comentarios.

Pero avancemos en la noche y vamos al partido. Obviemos mis sensaciones agoreras tras el gol del Getafe y vayamos directamente al gol de Morientes. Baraja planta el esférico a más de 30 metros del marco (así, a ojo de mal cubero), y se dispone a poner el balón en juego mientras solo dos de sus compañeros pululan por la parcela de campo que separa el balón de la línea de fondo del Geta. Me pongo a rezongar: “¿Pero cómo puede ser que solo haya dos tíos delante del balón?”. Baraja suelta un chupinazo directo al arco rival y se oye mi voz: “Pero, ¿qué haces, #&€? (insulto irreproducible; este es un blog para todos los públicos)”. ¡¡¡Requetecontrabocazas!!! Una milésima más tarde ya estaba celebrando el remache de Morientes y alabando el pepinazo del Pipo.

Por cierto, hablando del Moro, ¿adivinan quién pronosticó hace casi dos años que el actual 9 del Valencia iba a ser un fiasco y que venía a jubilarse y a arrastrarse mendigando minutos de la basura. ¡¡Correcto, han acertado!!!

 ¡¡¡Pedazo de trozo de cacho de bocazas en miniatura!!!

P.D. ¡¡Amunt!!

P.D2. Todo no iban a ser resbalones. La foto de hoy para Juanito Mata. Un megacrack por el que vengo apostando toda la temporada. No iba a fallar siempre, ¿no?

Hilo musical: My big mouth (Oasis). Si cuando yo digo que este grupo me pega…

 

Bricomanía

•abril 14, 2008 • 2 comentarios

El ser humano, cuando nace un nuevo especímen, no ve en él un niño; ve un puzzle. De otra manera no se entienden esas escenas de hospital en que todos los presentes, reunidos en torno a una cuna, miran embelesados al nuevo sujeto mientras realizan comentarios del tipo: “Tiene la nariz de su padre”; “Ya, pero los ojos son de su madre”; “Y, fíjate, tiene en la barbilla el hoyuelo del tío Clodoveo”; “Pero con esas orejitas (eufemismo de “Qué pedazo de orejones de soplillo”) no puede negar que es nieto de la tía Juliana”; “Hay qué ver; la frente tan ancha como su abuelo Gumersindo”… Todo ello, amigos, es fruto de eso que llaman la herencia.

Y es que la herencia que recibimos de nuestros antecesores no consta solo de secarrales en Valdepenachos del Mochuelo (provincia de Cuenca), campos de algarrobos en la partida del Aguilucho Bizco o una Caseta de Secà (eufemismo de “cuatro paredes emblanquinadas que albergan 8 metros cuadrados de almacén de aperos de labranza oxidados, todo ello sito en medio de un pedregal a la altura de donde Cristo perdió las ganas de buscar el gorro”). No, señor, no. De nuestros padres y demás familia también heredamos rasgos físicos (como ya hemos visto), rasgos de carácter y, en algunos casos, incluso aficiones y/o afiliaciones. Por ejemplo, dado que el Sr. Conejeros es madridista, el Enano nos salió merengón. Pero a veces la herencia comete fallos y lagunas inexplicables. Es el caso que nos ocupa.

Resulta que los caprichos de la dichosa herencia no solo me libraron (a Dios gracias) del amor por el equipo de Chamartín sino que también me privaron de una de las mayores habilidades de mi progenitor: la gracia y la maña en materia de bricolaje. Sí, señor; servidor no es “manitas”, es “manazas”. En cambio, el Sr. Conejeros igual te monta una estantería, que te cambia un grifo, o que te ingenia un “palio” de plástico para que el Sepulcre no se moje si llueve (o que promueve un carrito para llevar un banderín… pero esa es otra cuestión de la que no merece la pena hablar). Pero yo no… por mucho que él se empeñe en cambiarlo.

El caso es que ayer el Sr. Conejeros tenía ayer un típico plan de mañana dominical: construir, con 4 listones de madera que le sobraron de no-se-dónde, un marco para colgar un tapiz de 1’80 x 1’20. Bricomanía en estado puro con mi padre en el papel de “el vasco de bricomanía”, servidor en el papel de Tim Allen en “Un chapuzas en casa” y el taller de la fábrica del Sr. Conejeros como marco incomparable. La experiencia fue alucinante y arrojó dos conclusiones para la reflexión. Uno: El Sr. Conejeros es una máquina del taladro, la cola de contacto y la caladora. ¡¡Menudo marco-expositor se sacó de la manga!! Y dos: Un niño de 5 años podría haberme suplido con totales garantías en mis funciones, limitadas a cumplir órdenes del tipo “Aguanta’m açò” o “Acosta’m allò”. En una ocasión traté de señalar, sin ayuda, con un rotulador rojo los puntos donde había que hacer luego agujeros y casi se me cae el marco encima.

Pero no crean que esta completa inutilidad para el chapucerío de a pie es un descubrimiento reciente. La cosa ya viene de años. Ya en el colegio mi profesora le decía a la Sra. Conejeros que iba muy bien en todo y sacaba buenas notas. Pero en plásticaaaaaa…

En fin, que teniendo en cuenta que mi padre es un “manitas”, a mi madre le vuelven tonta las manualidades y todos dicen que el abuelo Noraet (diminutivo cariñoso de Honorato) era otro fiera con la caja de herramientas, creo que está justificado que me digan de vez en cuando aquello de “A qui li haurà eixit este xiquet?”

Hilo musical: Lucky man (The Verve). Torpe, pero feliz.