Puente 1.0: Hello, hello…

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 Tengo una saturación que me cago por las patas abajo. De ahí, estimado compañero de ligues de medio siglo (para más información visiten “El Código de Carles”), que no haya actualizado en casi una semana (más o menos como tú, por cierto). Y para que quede constancia pública de lo entretenidos que han sido mis últimos días (los del puente), no me queda más remedio que desglosarlos en varias entregas. Hoy, viernes & sábado.

Lo de hablar del viernes es por decir algo porque fue un día de lo más normal. Es “normal” que vaya a clase. Es normal el cafenet de los viernes en casa de María. Es normal que Elena venga algún fin de semana a visitarnos. Es bastante normal que, ya que viene, organicemos una cenita. Es normal que, misteriosamente, hagamos este tipo de cenitas a sabiendas de que María no puede venir (te prometo que no es aposta, cariñito). Va siendo cada vez más normal que cada vez que llueve se inunde Torrent y la gente tema salir de sus casas porque parezca que se va a acabar el mundo (véase Viernes Santo… cosas del cambio climático)… Lo que no es tan normal es que cierta amiga de cuyo nombre no quiero acordarme se pille un viernes tarde un puntito tonto a base de cañas (¡¡¡¡golfaaaaaa!!!!).  

Y siguiendo con la normalidad, es normal que el sábado me levante tarde y que haga el perro todo lo que pueda. Y es normal que haya Junior. Fin de la normalidad. Pasemos a lo no normal.

De entrada, no es normal (ni recomiendo que prueben) encerrarse por espacio de hora y media con unos 60 niños atiborrados de sustancias glucosas de origen paraetero a ver una película de dudosa calidad y pésimo sonido. Lo peor no era el escándalo sino la “blafá” de ambiente cargado y olor a gusanito mezclado con chupachups que te estallaba en la cara al entrar en la habitación. Pero bueno, lo importante es que sobrevivimos y que (creo) no me han quedado secuelas neurológicas derivadas del ya descrito pestazo. Así, una hora y media después, tras el necesario proceso de cambio y ducha, aparecía en el bar La Plaça (“La Divi”, centro neurálgico de la actividad torrentina), dispuesto para ir de cena y “lo que surja” con Carles, Gema y Elena.
La cena, en La Divina Comedia (no confundan con la susodicha “Divi”), un italiano de Pl. Honduras, en el Cedro, la podemos calificar de buenísima. Un pelín caro, quizás, pero al precio que está la vida y con esto del euro, ya se sabe.
“Lo que surja”, mejor consúltenlo en el ya nombrado “Código de Carles” que no quiero extenderme. Mejor que no hubiera surgido nada. Sobretodo porque Carles triunfó más que yo. ¿Habré perdido mi “sesapil”? Bueno, vayan, léanlo y vuelvan.

(…)

¿Ya? Pues, como buen equipo que somos, yo me encargo de contar lo que sucedió después.

Tras nuestro exultante triunfo entre las féminas de la Matisse (ese era el garito en cuestión) nos aventuramos a volver a casa. Pero… uppss… ¡¡llueve!! Pues esperamos un rato. Y al cabo de ese rato… seguía lloviendo. Y así un par de ratos más. Así que, en lucha contra los elementos y viendo que no tenía pinta de parar, decidimos salir en busca del coche (más lejano de lo recordado, por cierto). Resultado: chopada general. Urge una parada técnica en boxes, así que nos refugiamos en un patio. Allí encontramos a los últimos protagonistas de la noche. Un grupo de chavales, uno de los cuales lleva bufanda del Valencia. La siguiente pregunta es evidente: “Com han quedat?”… “Eing?”… Vaya, es guiri. Nos explicamos por señas. Nos contesta: “due-chero”. De categoría. Con nuestro objetivo cumplido, seguimos esperando a que amaine un poco, cuando, de repente, algo llega a mis oidos: “GuachimerinainManchester CitychekinawainFuckin’ UnitedGuachumeriguachumeriFamiliar to Millions“. Mirada cómplice con Gema. Hemos oído lo mismo. Son signos distintivos de un genuino Oasismaníaco: alabanzas al Manchester City, odio al United y título de un disco. Lanzo el anzuelo a ver si pican y digo en voz alta: “Gallagher… Hello, hello…”… Y tanto si pican. Ante nuestros ojos, uno de los guiris se pone de pie y pavoneándose y contoneándose como el mismísimo Liam (veáse la foto de arriba) empieza a cantar “Hello” a voz en grito. Gema y yo nos abrazamos emocionados y le hacemos los coros. ¡¡Quina emució!! ¡¡Un fan de Oasis de los buenos, de los que se sabe las canciones!! Aplaudimos a rabiar cuando el joven aspirante a hooligan acaba su actuación, sin duda derivada de una mezcla de ingesta de alcohol en cantidades industriales y del despiporre que caracteriza a los guiris cuando ponen un pie en este sacrosanto país. El chaval se ha crecido. Nos anima a que le pidamos canciones. Gema solicita una (no recuerdo cuál), pero no es del gusto del artista y pasa de ella. Le da por lo lento y se pone a entonar “Talk tonight”, intentando imitar esta vez a Noel. La has cagado, chaval. Le has negado la petición a una fan y has querido equipararte a Noel. Tus cinco minutos de gloria han acabado. Nos largamos y lo dejamos cantando con sus amiguitos. 5 segundos después, con la perspectiva del tiempo, me arrepiento de mis actos. ¿He estado cantando canciones de Oasis con un imberbe italiano borracho a las 3 de la mañana en un portal de Valencia mientras caía el diluvio universal? Entre esto y las cincuentonas, podríamos mandarle la crónica de la noche a Almodóvar. Seguro que el tío nos hacía una peli.

Mañana toca hablar de la tarde del domingo: aventuras en urgencias. Ya verán, ya. 

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~ por Gerardo en mayo 2, 2007.

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