Me arde

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Cada cual o cada cuala que piense lo que quiera, pero el calor solo lleva una semana (o menos) instalado en nuestras vidas y ya echo de menos el crudo invierno. ¿Qué le vamos a hacer? Me gusta el frío, mojarme bajo la lluvia, los forros polares, arrebujarme en las mantas, el cielo gris y los pantalones largos. ¿Raro? Sí, y a mucha honra.

Pero es que, por si acaso la naturaleza (omito deliberadamente lo de “sabia”) no tenía bastante con regalarnos hoy un día de lo que el sábado en Manises calificábamos como “sol Cuatro Vientos” (dícese del sol que cae a plom, que abrasa el suelo, asfixia y agobia y hace arder el aire, como el día que Juan Pablo II vino a vernos en el aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid) va y encima me adorna las fosas nasales y la garganta con un resfriado veraniego que me hace parecer un grifo mal cerrado. Conque si ya me encontraba hoy mal cuando me he levantado en mi casa, imagínense que gustirrinín me ha entrado recorriendo a pleno sol el viejo cauce del Turia en dirección a la facultad. Me ha gustado tanto el paseo que me he puesto a sudar como un cerdo para celebrarlo. Y claro, luego entras a la escuela de magisterio (o el microondas, como prefieran) y la segregación por los poros sudoríparos aumenta, con lo que el calor corporal y la sensación de malestar general también. Es entonces cuando, tras resistir estoicamente una clase, dices: “No puedo más. No me encuentro bien. Me voy a casa”. Y entonces deshaces el camino andado por el viejo cauce, ahora en pleno mediodía y con el sol en su máxima expresión, chorreante como si estuvieras corriendo una maratón en pleno Sáhara. Pero aun queda lo mejor por llegar. Sí, porque lo realmente maravilloso es entrar al metro empapado y notar como está la refrigeración puesta (todo un detalle) de manera que tu cuerpo entra en un choque térmico que te hace sentir escalofríos mezclados con jaqueca mientras tratas inútilmente de contener la moquita y te das cuenta de que tu “ligero” resfriado corre el riesfo de degenerar en una pulmonía galopante.

Lo dicho, que si esto sigue así tardaré poco en emigrar a la Antártida y montarme allí “El Iglú de Plastilina”. Porque en la Antártida hay ordenadores, ¿no? ¿Y se pilla el Digital? Y si no, me da igual. Dicen que están casi siempre a bajo cero y con eso me basta. Debe de ser un lugar maravilloso…

P.D. Para aquellos que se entretienen haciendo concursos de hermanos frikis: tengo un candidato que, aunque no hable y escriba elfo, es capaz de derrotar al más pintado. Estoy recopilando información sobre él. Permanezcan atentos.

P.D.2 ¿Qué pasó con el fotolog de pipilastrun?

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~ por Gerardo en mayo 9, 2007.

2 comentarios to “Me arde”

  1. ¿otro hermano que entra en concurso? mientras que los primeros puestos se respeten 😛

    ¿pero que os pasa a los hombres que no os gusta el calor? yo seria feliz viviendo en un sitio que siempre fuese verano… y si, odio los aires acondicionados… en algunos sitios tiene que ir con la chaqueta porque podrían vivir hasta los pingüinos, mi despacho por ejemplo ¡¡cachis con estos hombres calurosos!!

  2. jojojojo quan arrivaven estes feches, en la florida, a partir de les 12:00 ja no entrava a clase… i me quedava en la terrasa de la cafeteria begeuent cerveza!!! jeejejejejejeje enseguida m’apetia…

    Per cert, jo ahir vaig a entrar al flog de pipilastrun… no sé, s’haurà cansat i per això l’ha tancat??? ja ens contarà… per cert, este divendres festa al 30!!!! ueeeeeeeee

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