Recapítulo III: Los hijos de la novia (20 de julio)

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La Sra. Conejeros suele decir que ella tiene muchas cosas en común con el Sr. Conejeros. “De hecho, tu padre y yo nos casamos el mismo día”, suele decirme. De ese día se cumplieron 25 añazos (ahí es nada) el pasado 17 de julio y, la verdad, esas cosas son para celebrarlas. Es por ello que mi tránsito de Guggengéber a la dura realidad se vio precipitado por un cúmulo de preparativos destinados a lograr que nada fallara en la celebración de las bodas de plata. El día elegido para el evento: el 20 de julio, más que nada, por ser sábado. Los privilegiados asistentes: solo los más allegados. Los padrinos: el Enano y servidor (que conste en acta que el que hacía de madrina era él).

Así que, tras una árdua semana de reuniones con Don Miguel (el senyor retor, para los despistados), ensayos de cantos, elección de vestuario y otros preparativos, llegó el día “D” ( “D” de “De la boda”).

Lo primero es la misa (lo que va davant, va davant). El Enano y yo, como padrinos que somos, estamos atentos a todos los detalles de la ceremonia, especialmente al del grupo de cantos que para eso es nuestro regalo. El Junior no nos decepciona y realiza una magistral interpretación de todo el repertorio seleccionado. Todo perfecto, aunque me toca levantarme un par de veces a buscar a Jesús el Sacristà para que tenga el micro preparado. Cuando acaba la celebración todo el mundo felicita a los novios… y a sus hijos, aunque realmente no tengo muy claro porqué. Pero bueno, la misa ya se ha acabado: ¡¡Prueba superada!! Ahora ya nos podemos relajar en el jalo…

…Y ahí que nos relajamos. Nos relajamos tanto que nos mostramos al resto de la concurrencia tal como somos. Hagamos un pequeño paréntesis para comentar que mi familia está bastante repartida por el mundo (Caudete, Sueca, Marines, Almàssera, Albalat…) y que, por imperativos de la vida, nos podemos juntar poco. Es por ello que el grueso de tíos, tías y primos me tiene catalogado como “un xiquet serio y formal”… Imagínense, pues, los rostros de sorpresa de los invitados cuando descubrieron las prestaciones del dúo humorístico de los Conejeros Bros. (con la puntual colaboración de María, el Cuñao y el resto de nuestra mesa). La práctica totalidad de la noche vino marcada por una memorable y constante actuación cuyos momentos álgidos fueron el número de la Salve Rociera, el “Pepe levántate, dale un beso a Cristina y siéntate” y la celebración del regalo de los socios del Sr. Conejeros, por no mencionar las carantoñas y cachondeos con las abuelas, entre otros. Cuando acabó el festorro, los que iban desfilando a sus casas se despedían de los novios diciendo: “No sé quién se lo ha pasado mejor, si vosotros o vuestros hijos”…

“¿Serio y formal?”… Ingenuos…

Música de fondo: Noches de boda (Joaquín Sabina y Chavela Vargas). Es la que toca, ¿no? 

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~ por Gerardo en septiembre 20, 2007.

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