¿Doy fe?

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Ayer, todavía inmerso en el trastorno post-festivo que me ha dejado la Semana Santa más estrambótica de la historia, tenía una cita vespertina con otra de las Marías de mi vida: María Espeleta, en adelante, la Mary.

Pues enrresulta que la Mary, en virtud de los muchos años de amistad que nos adornan, ha tenido a bien elegirme como testigo de su inminente boda (24 de mayo) y ayer era el día elegido para dirigirnos a su parroquia de origen para oficializarla como “novia a la fuga” y que pudiera casarse en Picanya, de donde es oriundo su chorbo (el Flipe) y en donde van a fijar su residencia los futuros señores Fernández Espeleta. Yo, ignorante de mí, desconocía cuáles eran, exactamente, mis funciones como testigo, pero ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado tantas complicaciones… ¡¡1 hora para hacer el dichoso expediente!! Pero, ojito, ¡¡qué hora!!

Para empezar, llegada al despacho parroquial y empieza el cachondeo: preside una foto de un sacerdote de principios de siglo (el beato Carlos, creo) ataviado con la típica capa de la época. “Parece Batman”. Ja, ja, ji, ji. Intento mantener la compostura pero es complicado; sobre todo cuando aparece un amable señor, contemporáneo de Blasco Ibáñez (lo menos), parsimonioso y con un bajísimo volumen de voz para atendernos. “Y éste es Robin”. Juas, juas, juas. ¡¡Feeeeestival del humor!!

Entramos con Robin… perdón, con el amable señor a un despachito para hacer el expediente y empieza el show. Nos sentamos la otra testiga y yo y le pide a ella el DNI. Voy sacando el mío para adelantar faena y me dice: “No, no, que el tuyo ya lo tengo aquí, que viene de Picanya”. No, buen hombre, que se ha confundido; que el novio es éste, no yo; éste, el que no lleva un apósito de 4×5 en la mejilla; no se me vuelva a confundir, ¿eh? Venga un poquito de cachondeíto y seguimos con la faena. “¡Ah! Entonces, ¿quién es la novia?” Esta chica; no, ésta no, que es la testiga; ésta otra; estése atento, no vayámos a montar aquí un pitote.

Salen unos, entran otros, testifican unos y, mientras espero mi turno, chantajeo a la novia. He caído en la cuenta de que su boda está en mis manos y puedo exigirle cualquier cosa a cambio de decir que no está casada con otro hombre o que viene libremente a contraer matrimonio. Cuando me toca a mí testificar aun no hemos llegado a un acuerdo, pero me apiado de ella y decido decir a todo que sí.

Mi momento de gloria acaba rápido y sin incidencias a destacar (salvo el hecho de que llego a la conclusión de que Robin era copista en la Edad Media… ¡qué velocidad y menudas letras capitales!) Vuelven a entrar todos mientras el amable escribano acaba el expediente y las amonestaciones. Se dirige a mí y me pregunta: “¿De qué parroquia eras?” ¿Yo? Pues de la Asunción y a mucha honra. “¿Pero no eras de Picanya?” ¡Qué no! Que ése es el novio, yo solo testifico, hago bulto; el que se casa es éste, el bajito; ¡leche, tampoco nos parecemos tanto! El hombre sigue a lo suyo. De pronto levanta la cabeza, me mira y me pregunta. “¿Y quién os casa?” ¡¡¡Pero que yo no me casoooooo!!! ¡¡¡Que se casa ésteeeeee!!! “¡¡Ah, sí, claro, sí, sí!!”… vuelve a dirigirse a mí y me da un sobre: “Pues aquí tienes las amonestaciones, las llevas a tu parroquia, allí a Picanya, y que las cuelguen, y cuando las quiten me las traes”. Yo ya no sé si reírme o llorar. Decido tomármelo a cachondeo, cojo el sobre que me tiende Robin y aprovecho para coger la mano de la Mary, girarme hacia al novio y hacerle entrega del tarjetón de la boda que él mismo me había dado minutos antes: “Toma, Felipe, te invitamos a la boda”.

O sea, que yo dí fe, pero no se de qué. Ya no sé si se casan ellos, me caso yo con la Mary o con la otra testiga (a la que acababa de concocer, por cierto). Tot siga cas que el día que me toque a mí pasar por la vicaría me descubra ya casado y quién sabe si con hijos bautizados y todo. Total, también se llama María, ¿no? No creo que pase nada.

Música de fondo: Las gafas de Mike (Quique González). Canción absurda para situación absurda; calentando para el concierto de Quique: solo quedan 2 días

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~ por Gerardo en marzo 26, 2008.

3 comentarios to “¿Doy fe?”

  1. ¿Estaba buena la testícula esa?

  2. Me quedo con la novia… con la mía, claro… o sea… con María… ¿me se entiende, no?

  3. No.

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