Yo amo este juego

Nuestros amigos los estadounidenses (me niego a mal llamarles “americanos”; no es justo meterles en el mismo saco que argentinos, canadienses o guatemaltecos) se caracterizan, entre otras cosas, por su afán exportador. Exportan televisión (miren sino a Carles y su devoción por las series yanquis), exportan comida (fastfudes y otros enemigos de la dieta mediterránea), exportan cine (con ejemplos sublimes y otros lamentables), exportan música (ídem de lo ídem, aunque, en general, su música no es de mi gusto), exportan moda (pantalones por las rodillas, gallumbos a la vista, etc; lo último es ser emo) y, entre otras muchas cosas más, exportan deporte. Y así es como nos han colado, por ejemplo, cosas como la NBA.

La verdad es que nuestra generación (cosecha del 83, nunca me canso de repetirlo con orgullo) tuvo la suerte de conocer la Edad de Oro del espectáculo baloncestístico de los u, ese, a. Los habitantes de los últimos 80 y primeros 90 aun recordamos con nostalgia al fabuloso Dream Team, al incomparable Air Jordan, a Magic Johnson (menudo trauma que nos creó cuando creíamos que moriría de sida), a Larry Bird, al genial John Stockton (mi favorito, no puedo negarlo), a Dominique Wilkins, a James Worthy con sus gafas de bucear, al Gordo Barckley, a Clyde Drexler y un largo etcétera de figuras de relumbrón a las que daba gozo ver en aquellos tiempos remotos en que la 2 retrasmitía sus partidos (por no hablar de la Olimpiada de Barcelona).

Pero aquellos tiempos felices pasaron y, claro, el afán exportador obligó a las cabezas pensantes de la NBA a inventar, marketing mediante, nuevas figuras que sustituyeran, e incluso mejoraran a las nombradas. Pero, ¡ay, amigo!, la cosa estaba chunga. Apareció primero una nueva hornada de estrellas a la sombra de Shaquille O’Neal que, entre que convivieron con los últimos años de las grandes glorias y que, para que negarlo, malos no eran, consiguieron mantener el tirón y la supremacía de la gran liga estadounidense.

Pero aquello no era bastante y, a pesar de la aparición de nuevos cracks, como mi idolatrado Allen “The answer” Iverson, la NBA tuvo que, no inventar, sino reinventarse. Y así fue como se acabó la época del espectáculo técnico, de los pases imposibles de Magic y Stockton o los vuelos sin motor de Air y pasamos a la era del músculo, en la que las estrellas son tipos superfibrosos, macarras del Bronx de los que saldrías huyendo si te los encontraras por la calle. Y, además, visto que los principales jugadores empezaban a no tener todos el pasaporte de los EEUU, se inició la gran expansión que propició la llegada de los Nowitzki, Yao Ming, Stojakovic o nuestros famosos ÑBA. Pero ni aun así, oiga. ¡Si es que hasta los extranjeros que hay ahora pierden por goleada contra los 4 valientes que se animaban a cruzar el charco años ha! O, díganme sino, ¿hay punto de comparación entre el grandullón chino Yao Ming y el mítico y carismático Manute Bol o el gigantesco y bonachón George Muresan?

Pero lo más grave para los intereses de la Gran Liga ya no es que empiece a verse obligada a buscar estrellas en el extranjero. Es que en el extranjero se empieza a jugar mejor. Y para muestra un botón (que es donde quería llegar hoy después de todas estas vueltas). ¡¡Qué partidazo se marcaron ayer el DKV y el Madrid!! ¡¡Baloncesto en estado puro, del que ya no se ve todos los días!! De todo, oigan, como en botica: polémica (la técnica de risa a Rudy, la descalificante que le perdonan a Raul López, los inexistentes pasos de este mismo en el último minuto…), canastones ( alley-hoop Rudy-Ricky desde el saque de banda con 2 segundos de posesión, puerta atrás de Mumbrú con mate final, coast to coast de Rudy…), festival de triples (nuevo récord histórico de la ACB para la Penya), jugones en estado puro (35 puntos de Bullock, 30 de Rudy y el descaro insultante de Ricky Rubio), un tanteo de vértigo (93-101) y, lo mejor de todo, perdió el Madrid. Sí, miren, no lo puedo negar. Uno, como buen aficionado, tiene sus simpatías… y sus antipatías, que se centran básicamente en los blancos. Vamos, que, como en fútbol, les tengo una tirria que no me veo (mención especial para Felipe Reyes). Y, además, los verdinegros me caen bien (amén de ser, de largo, el equipo que mejor y más bonito juega en toda España por no decir Europa).

Pero bueno, no nos desviemos del tema y vayamos con la conclusión. Olvídense del mito, la NBA ha muerto; ¡¡viva la ACB, viva el baloncesto y viva el producto español!! Que ya será hora de que exportemos nosotros algo más que jugadores sueltos. I love this game… digooo… ¡¡Me encanta este juego!!

P.D. Si el tiempo lo permite y no nos envolamos antes como una cometa (envolamos no existe, ¿verdad?), mañana nos vamos de acampada con ciento veintipico niños a Benagéber. ¡¡Que no nos pase ná!! La semana que viene no se pierdan la crónica en este mismo lugar y en otros blogs amigos.

Hilo musical: Rockin’ chair (Oasis). Porque mola, porque quiero y porque me apetece.

 

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~ por Gerardo en abril 18, 2008.

3 comentarios to “Yo amo este juego”

  1. andate

  2. http://www.juegos.commm

  3. jazmin y agus

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